Si Torres va a la Eurocopa, nosotros también podemos

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23-06-12: “Diego, soy Jesús Llorente, hermano de Fernando Llorente. Yo voy a Ucrania mañana al partido y os puedo dar dos entradas. Ya me decís algo. Un abrazo”

Un mensaje al móvil puede cambiar el curso de un viaje. En uno de los momentos de mayor crisis interna provocado por las malas sensaciones que nos estaba dejando Ucrania, el hermano de Fernando Llorente quería regalarnos dos entradas para el partido. Porque sí. Porque se había enterado de nuestra historia por medio de Iñaki Cano y quería ayudarnos en la aventura. Porque, según él, a la gente buena le pasan cosas buenas. Nos citamos a las cinco de la tarde en el Shaktar Plaza, justo enfrente del campo. Allí apareció con toda su simpatía y cuatro entradas de primera categoría en la mano, y nos garantizó más para los partidos venideros. Increíble.

A cambio, ÉL pidió hacerse una foto con NOSOTROS. Como curiosidad, el fotógrafo sería el padre de Álvaro Negredo. Pero el encuentro todavía guardaba más sorpresas ya que por allí también aparecieron el padre de Llorente y la madre de Javi Martínez, todos ellos conocedores de nuestra aventura. Enormes personas. Durante un breve período de tiempo pudimos conversar un rato con ellos, conversación a la que luego se unirían Diego Torres, prestigioso periodista de El País, y dos periodistas del Mundo Deportivo. Algo hemos debido de hacer bien para que todo esto nos esté sucediendo.

 

Una hora antes del partido entramos en el campo en compañía de José, el simpático canario al que conocimos en el tren-cama rumbo a Kiev. Un gran tipo al que consideramos oportuno invitar a disfrutar del partido con nosotros en nuestros privilegiados asientos.

Los mejores asientos del Donbass Arena, el mejor estadio de Europa (el único de seis estrellas), con la mejor compañía: la familia de los jugadores de nuestra selección. Está claro que personas tan maravillosas como Iniesta, Casillas, Cazorla, Llorente… han tenido que crecer de familias maravillosas, y en el tiempo que compartimos con algunos de ellos pudimos comprobarlo.

Lo que sentimos con el primer gol de España es algo indescritible, inexplicable… una extraña mezcla entre agradecimientos, sueños, recuerdos, satisfacción… Una señal de si está pasando lo que tenía que pasar es porque estamos haciendo lo que debíamos de hacer. Se te vienen a la cabeza todas las personas con las que te hubiera gustado compartir un momento así, incluyendo todos aquellos que han hecho tanto por nosotros en este viaje.  

En lo futbolístico, España 2 - Francia 0. España jugó contra Francia un partido de mucha calidad. Se adelantó pronto, y eso le permitió dominar los tiempos con tranquilidad. En la segunda parte, los franceses dieron sustos aislados pero nunca la sensación de que España pudiera perder ese partido. Tan seguro estaba Del Bosque de ello, que se atrevió a quitar a Iniesta a 10 minutos del final, todavía con el 1-0. Xabi Alonso fue el mejor y no sólo por los goles. Casillas sigue agrandando su leyenda con dos muy buenas paradas. Destacable también Sergio Ramos y por supuesto Iniesta y Silva, que aunque no tuvieran su partido estrella, son demasiado buenos. Decepcionante Francia, que no presionó a nuestros jugadores y les dejó pensar. Y si les dejas pensar, se les ocurrirá la manera de ganarte.  

Pletóricos abandonamos el Donbass Arena hasta el próximo miércoles. Espectacular la iluminación nocturna del campo, de hecho sea probablemente el lugar más bonito de Donetsk (sino el único).

Para variar, esa noche tampoco teníamos cama así que había que hacer tiempo hasta las seis de la mañana, hora en la que podríamos coger el primer tren a Mariupol, ciudad costera en la que estamos pasando los días entre partidos. Pero antes había que llenar esas cuatro horas. Supusimos que habría algún bar o discoteca donde pasar la noche pero habíamos olvidado que los ucranianos están aprovechándose de lo lindo de su condición de anfitriones. Al igual que han triplicado los precios del alojamiento en Donetsk, lo han hecho con los lugares de ocio. 10 – 15 euros sólo por entrar a un bar, casi la tercera parte de nuestro presupuesto diario. Así que habría que hacer tiempo en la calle. Allí conocimos a Victoria (17), Victoria II (20), Katya (20), Vadim (25), y una misteriosa señora (45) que les seguía de lejos.

Un extraño grupo al que le cogimos un extraño cariño a pesar de que tres de ellas no hablaban inglés, otra lo mal hablaba, y el único que lo medio-hablaba lo iba olvidando conforme pasaba la noche. Andando de un lado al lado hicimos tiempo hasta la supuesta hora en la que salía el tren. Pero ese momento nunca llegó, porque en Ucrania cuando un tren se retrasa desaparece de las pantallas. Aunque con ayuda de nuestros “extrañables” amigos conseguimos subirnos a un tren fantasma. Fantasma no sólo porque no salía en las pantallas sino porque se respiraba muerte al entrar. El calor insoportable de su interior te nublaba la mente hasta el punto de impedirte ver restos de sangre que adornaban el suelo. Por suerte el trayecto era corto y pudimos salir con vida de allí.

 

24-06-12: En la estación de Mariupol nos esperaba Pavel, quien nos ofreció alojamiento a través de Couchsurfing. Pavel, 22 años, acaba de terminar sus estudios de psicología y dispone de un confortable apartamento cerca del centro y de una canción para cada momento del día.

Mariupol es una no bella ciudad costera a dos horas de Donetsk, bañada por las aguas de color verde tóxico del Mar Azov. Con él estaremos hasta el miércoles y por el momento hemos compartido comida, siestas, fútbol, cervezas y playa. Unos días de “vacaciones” antes de nuestra entrada en el frenético tramo final. Seguimos bien, seguimos sanos. Somos felices.

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13-06-12: Un día de trenes polacos había sido más que suficiente para darnos cuenta de que con ese medio de transporte difícilmente recorreríamos la distancia de Katowice a Gdansk (700 kms) a tiempo. Así que dejamos a un lado nuestro salario de mochileros para darnos un lujo: alquilar todo un Nissan Micra.

Un coche a nuestra medida, suficientemente grande para tener un viaje confortable pero demasiado pequeño como para dormir en él. Aprovechando nuestra independencia automovolística, nos desviamos ligeramente del camino e hicimos escala en Auschwitz, todo un monumento a la atrocidad humana.

El sol no salió en toda la visita. El sol ahí no debería de salir nunca. En las paredes del campo cuelgan las fotos de una pequeña parte de los más de un millón y medio de personas que murieron en ese campo de concentración.

Pequeñas parcelas de césped muy bien cuidadas contrastan con las miles de vidas que se marchitaron allí. Nunca antes en el viaje habíamos estado tanto tiempo en silencio. Auschwitz te calla.

A media tarde salimos del campo físicamente, aunque emocionalmente algo de nosotros se quedó allí. Teníamos ocho horas de viaje para recuperar nuestro estado de ánimo. A las doce decidimos que era un buen momento para buscar alojamiento en la carretera. A las cinco de la mañana nos dimos cuenta de que no dormiríamos en cama. El fútbol mueve masas y llena hasta los moteles. Esa noche, el coche haría las veces de banco, digo de cama. Pero como su propio nombre indica, un Nissan Micra no es un lugar demasiado espacioso, así que tras media hora de hacer como si dormíamos, retomamos el camino a Gdansk.

Allí devolvimos el coche y buscamos un sitio para recuperarnos hasta la hora del partido. No nos costó encontrarlo, pero tuvimos que andar mucho con la mochila a cuestas para llegar hasta él. Una residencia de estudiantes sería nuestro refugio. Allí nos duchamos y descansamos. A las siete de la tarde quedamos con Marta, una polaca con la que contactamos por Internet y que va a ser nuestra anfitriona en nuestro paso por Gdansk. Tras disfrutar de una tradicional cena polaca en casa de su abuela, nos dirigimos a la Fan Zone.

Allí fuimos testigos de un auténtico baño; el que nos concedió el cielo. Horas y horas de lluvia, ligera pero lluvia al fin y al cabo. En lo futbolístico, Vicente del Bosque recuperó una alineación más tradicional, un 4-3-3, con Torres en la punta del ataque. La apuesta funcionó, aunque Irlanda es un rival mucho más débil que Italia. España tocó mucho y con peligro. Ante la invasión de irlandeses de Gdansk y la escasez de españoles, celebramos los cuatro goles junto a la afición polaca que, a la espera de ver si su selección pasa o no a la siguiente ronda, se han volcado con el equipo español. Se nota que es la selección de moda.

Al terminar el partido, nos recogimos en nuestro albergue. Fue fácil dormir porque teníamos mucho sueño, aunque una horda de adolescentes alojados allí no lo puso fácil. 

15-06-12: Ahora estamos en Gdynia, en casa de Marta. Aquí dormiremos hoy, aunque antes descubriremos un poco la noche polaca. Mañana quizá vayamos a un entrenamiento o quizá, al zoo. Cuestión de gustos. Lo único seguro, es que casi 3000 kms después, hemos llegado a tiempo a nuestro destino. 

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